Sabemos, que al igual que el resto del mundo los territorios actualmente conocidos como España han sido colonizados en el paleolítico desde África, esto es fácil de admitir. Lo que se oculta es que ese proceso continúa con posterioridad. Los íberos tienen su origen en los pueblos de la cultura capsiense Amazigh negra. La propia palabra i-berik quiere decir “los negros” en proto-amazigh.
Se nos ha dicho que los fenicios fueron los primeros colonizadores de la Edad del Hierro, pero esto es falso, antes que ellos estuvieron los eritreos y los egipcios y simultáneamente los kushitas. El período cartaginés nos ha sido relatado como semítico, pero sabemos que Cartago estuvo constituido por una diversidad de pueblos, fundamentalmente africanos.
Todo lo anterior es recogido por las crónicas de inicios de la modernidad, pero estas han sido desacreditadas en una evidente estrategia de blanqueamiento del pasado. El período islámico nos es presentado como árabe y blanco, pero sabemos que en los casi ochocientos años de presencia política islámica el componente poblacional norteafricano y saheliano fue el mayoritario.
Otro capítulo silenciado son los trescientos años en los que España fue el mayor foco de esclavización en Europa. Todo ello ha dejado una profunda huella cultural y genética que no puede obviarse por más que se haya intentado desde instancias académicas, políticas y religiosas.
ANTUMI TOASIJÉ, entrevista de Elena García, 2020.